viernes, 4 de noviembre de 2011

Hermandad de las ánimas

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En esta semana de difuntos he podido leer el artículo que reproduzco parcialmente a continuación:
“La Orden de los Difuntos hunde sus raíces en la noche de los tiempos, antes de la Reconquista cristiana de España.
Finalmente, en el mes de febrero de 1571 fue firmado un nuevo decreto que, ahora sí, obligaba a todos los moriscos a abandonar el reino granadino. A partir de ese momento se llevó a cabo la repoblación de la provincia, en algunos casos con las familias de los propios soldados que decidieron ubicarse para siempre en Granada y que traían consigo un legado de tradiciones de la zona norte de España. Una de ellas era la conocida como Hermandad de Ánimas u Orden de los Difuntos, una organización espiritual que con el paso del tiempo se fue perdiendo tanto en sus provincias de origen como en las localidades reconquistadas en las que se estableció. Pero hubo una excepción: el pueblo granadino de Cónchar.”
Cónchar, un pequeño pueblecito del Valle de Lecrín, continúa con esta tradición hasta el punto que es la señal de identidad más característica del pueblo y el orgullo de sus vecinos.

Las ánimas benditas - Alonso Cano

Pero esta Hermandad estuvo activa en Cádiar desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, a finales de los años 50 desapareció. Probablemente porque su fin último ya no era necesario.
Era una hermandad formada por la mayor parte de los varones adultos del pueblo que pagaban una pequeña y simbólica cuota anual. Creo que en sus últimos años ascendía a dos reales.
Era una hermandad con entidad propia, es decir, totalmente independiente de la Iglesia o de la Banda de Música.
Su finalidad era costear un entierro digno a los vecinos que no disponían de los medios económicos necesarios para hacerlo. En un principio la hermandad contaba con un ataúd comunitario para estos casos. El finado lo utilizaba hasta que era depositado en la fosa y el ataúd volvía para ser utilizado de nuevo cuando fuera necesario.
A veces, incluso, la hermandad proporcionaba medios para que los mas desfavorecidos pudieran comer.
Esta hermandad estaba organizada y contaba con un tesorero y un recaudador que iba cobrando los recibos. Además había otras personas, que tocando de puerta en puerta, pedían por las casas. Y cada vecino daba lo que podía, unas patas de cerdo, unos espinazos, unos trozos de tocino, castañas, maíz… Estas donaciones en especie se recogían en cestas.
Los que podían daban algunas monedas (perras gordas, perrillas o pesetas), que se iban recogiendo en un pañuelo anudado.
Todo lo recogido se entregaba al tesorero que se encargaba, además, de vender los productos para generar efectivo.

El día señalado para realizar la colecta era el 26 de diciembre, aunque los últimos años se hizo el 25. Esto se debió a la coincidencia el 26 con la, hoy desaparecida, celebración de san Esteban en Narila.
Ese día, junto a las personas que pedían iban músicos de la banda y varios cantantes que se encargaban de la interpretación de la famosa cancioncilla de “Las Animas”. El trabajo era arduo ya que para recorrer todas las casas del pueblo, pidiendo y cantando se iban con facilidad diez u once horas. Hay que recordar que Cádiar podía rondar los 3.000 habitantes en la primera mitad del siglo pasado. Pero es que, además, debían acceder a las peticiones de los vecinos: ahora cantad una por mi padre, ahora una por mi hermano… Por todo ello tanto los músicos como los cantantes acababan tan felices como agotados y cobraban su pequeño y merecido sueldo.

En cuanto a la cancioncilla es posible que todos la recordéis. Fue recuperada y presentada en el primer festival de música tradicional de La Alpujarra, celebrado en Yegen en 1982. Entonces la interpretaron José Reinoso, Domingo Reinoso, Jesús Calzas y Frenando Ruiz (bandurria, laúd, guitarra y voz).
Sin embargo estos festivales son para música de cuerda por lo que no se pudo presentar la versión original, en la que la voz se acompaña, únicamente, de instrumentos de viento.
Aquella versión se conserva en soporte casette y algún día podrá digitalizarse y subirse a un servidor. En ese momento se incluirá en esta entrada para que todos la recordéis.
Es una canción melódicamente repetitiva en la que destacan las voces graves y profundas de los hombres. En cuanto a la letra, dejo a continuación las estrofas recuperadas para el festival del 82. Pero hay que tener en cuenta que, en sus tiempos, las estrofas eran muy variables ya que se adaptaban en función de la casa en la que se estaba realizando la petición y podían incluir los nombres u otras alusiones a los familiares difuntos en cada caso. Incluso se creaban estrofas especiales para casas especiales como podía ser el cuartel de la guardia civil (abajo la estrofa nº 5 “Frenesí”).

  1. Emplea.
Ellas te socorrerán
en cuantas penas te veas.
La limosna que nos des,
en las ánimas se emplea;
Ellas te socorrerán
en cuantas penas te veas.

  1. Humano.
La limosna que nos des,
quizás será por tu hermano.
Por esta calle venimos
con un corazón humano;
la limosna que nos des
quizás será por tu hermano.

  1. Amparen.
La limosna que nos des
por tu padre o por tu madre.
            por esta calle venimos
Las ánimas nos amparen;
            La limosna que nos des,
            Por tu padre o por tu madre.

  1. Matao.
Que en lo alto la ventana
tienes el morcón colgao.
Por esta calle venimos,
no digas que nos has matao,
que en lo alto la ventana
tienes el morcón colgao.

  1. Frenesí.
Que las ánimas socorran
a to la Guardia Civil.
Por esta calle venimos,
cantando con frenesí,
que las ánimas socorran
a to la Guardia Civil.

  1. Fervoroso.
La limosna que nos des,
quizás será por tu esposo.
Por esta calle venimos
con un canto fervoroso,
la limosna que nos des,
quizás será por tu esposo.

Muchos pueblos intentan conservar sus tradiciones pero en otros se van perdiendo. Una pena porque las tradiciones son la cultura de los pueblos, y estos se enriquecen, en parte, por su poso cultural. Quizás el acervo cultural de Cádiar sea tan amplio que se hace difícil encontrar personas para intentar conservarlo entero.

Para terminar quiero recordar a los que, durante los últimos años, se esforzaron por mantener viva esta hermandad. Como por entonces la fotografía era escasa y yo aún no existía, he tenido que valerme de los recuerdos de otros. Los viejos que saben tanto por tanta vida vivida. En especial mi agradecimiento para Fernando Ruiz (conocido en Cádiar como Fernando el músico) por el tiempo que ha dedicado a contarme estas viejas historias.

El tesorero de la hermandad: Paco Vílchez.
El cobrador de recibos: José Manzano Flores.
Los que llevaban las cestas: Teodoro padre y Gabriel el de Inocencio.
El que llevaba el pañuelo anudado y ponía voz: Indalecio Rojas.

José Rojas, cantante y pandereta.
Antonio Ruiz, cantante y campanilla.
Esteban Pérez, saxofón.
Carlos Lorenzo, clarinete.
Paco el de Teodoro, trombón.
Fernando Ruiz, bombardino.

Muchos ya no están aquí, ni siquiera recuerdo sus caras. Pero, un día, contribuyeron con su esfuerzo a enriquecer el patrimonio cultural de este pueblo.
Si alguien dispone de material fotográfico de aquellos años o de aquellas personas agradecería su colaboración y estaría encantado de subirlo a es te blog para compartirlo con todos a los que nos gusta este pueblo, sus nostalgias y sus tradiciones.

Publicado por Enrique

1 comentario:

Maria Jose dijo...

Mi madre me ha hablado de la música de las ánimas, pero no sabía exactamente de que se trataba.
Ahora ya sé más de mi pueblo